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Alimentación Consciente

Comer consciente es llevar la atención de una forma intencionada al acto de comer, para poder percibir la experiencia a través de tus sentidos. Para darte cuenta qué ocurre dentro y fuera de ti. Esta práctica es lo contrario a comer como habitualmente se come: con el piloto automático.

Todos sabemos comer mientras hacemos otras cosas, como ver la televisión, hablar por teléfono o escribir en el ordenador. Sin embargo, comer sin ponerle una atención plena, hace que comas más, que te pierdas muchas cosas que ocurren, como por ejemplo el impacto de los sabores, olores y texturas de los alimentos sobre ti. Esto te llena de placer y satisfacción, salvo si no te enteras, claro.  Tampoco reparas en tus señales internas, las que te indican qué necesitas comer, cuándo lo necesitas o ya es suficiente para ti.

Cuando comes desde el automático muchas veces te da la sensación de que no has comido, de que no estás saciado o no has disfrutado… y esto suele repercutir en buscar más comida palatable para saciar la falta de placer, disfrute y saciedad. Si no te enteras de lo que comes, es como si no hubieras comido. Tu boca supo masticar, sí, pero tu mente no se enteró de la experiencia.

Cuando te entrenas en alimentación consciente puedes disfrutar cualquier alimento. No necesariamente sientes plenitud al comer una tarta de queso, sino también una zanahoria. La atención plena comiendo te hace redescubrir sabores, conectar con tu cuerpo y señales, y crear un espacio de intimidad contigo, de calma, contacto y bienestar.   Es una práctica que puede suponer la recuperación total de un trastorno en la alimentación porque mejora las disfunciones alimentarias ayudando a introducir una relación sana con los alimentos.

A veces funcionamos por patrones mentales, y en lugar de escuchar a nuestro cuerpo para comer o dejar de comer, seguimos frases que hay integradas en nuestra mente.  Seguro que alguna vez te has descubierto sin hambre de estómago teniendo que terminar todo lo que había en tu plato. Y lo hiciste, sin dejar ni una sola miga.  Esto puede responder a un patrón mental aprendido en tu más tierna infancia: “termínate todo o te quedas sin X”. Siendo adulto, sigues comiéndote todo independientemente de si ha sido suficiente para ti, con el fin de ser bueno.

El objetivo de la alimentación consciente es que puedas ser más libre, que respondas consciente a la comida en lugar de hacerlo desde patrones aprendidos. Te ayuda a  reestablecer y conectar con tus verdaderas necesidades, a saber diferenciar si éstas son emocionales, mentales, sociales… y así poder atenderlas adecuadamente.  Esta práctica te permite cultivar la flexibilidad con la comida y aceptar tus comportamientos alimentarios. Sin duda, una maravillosa forma de conocerte, serenarte, mejorar tu relación con la comida y conectar con tu cuerpo.

Paula

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