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Alimentación y Emociones

Comer está íntimamente ligado a nuestras emociones, y no es posible separar este binomio.  Desde bebés, cuando sentíamos dolor emocional nuestras madres nos llevaban al pecho, al biberón o chupete.  Nuestros recuerdos de “calma” son llevando algo a la boca, y a esto se le suma el contacto de nuestra madre mientras nos sujetaba en sus brazos en esos momentos. Y nos miraba, nos sentíamos vistos, atendidos y protegidos.

Más tarde, cuando nos portábamos bien nos daban un premio, que en ocasiones era comida— chocolate, helados, chuches— y así, de adultos, hemos seguido asociando premios con alimentos cada vez que nos portamos bien. O al revés, castigo puede implicar quitarnos alimentos que nos gustan e incluso en muchas ocasiones,  puede ser atiborrarse a comida la cual es mala y prohibida para nuestra mente.

Por todo esto y más experiencias vividas y recogidas en nuestras memorias, la alimentación va unida a emociones, y las emociones a veces llaman a la comida.

¿Te has dado cuenta de que a veces no sientes hambre en tu estómago pero te sientes alicaída y te viene un antojo de una comida que preparaba tu madre? ¿O sientes necesidad de amor y afecto y vas a comprarte tu helado favorito? En general esto son conductas que todas las personas podemos hacer en ocasiones, no es patológico, porque simplemente estamos escuchando necesidades y nos ofrecemos lo que pensamos que va a cuidarnos en esos momentos. Lo que pensamos que va a beneficiar a nuestra mente, corazón y espíritu, no solo al cuerpo.

Cuando hay serias dificultades en la gestión emocional y se aprenden conductas como comer cada vez que tengo ansiedad, cuando me siento triste, cuando me aburro, cuando me siento sola, para no sentir el vacío, etc., es cuando este duo alimentación y emociones puede afectar a nuestros hábitos alimentarios, salud física y mental.

De lo contrario,  comer de forma emocional no es algo que esté “mal”.  Para que me entiendas, es como darte cuenta de que no te sientes bien y por eso te pones una película de humor. Tratas de cuidarte. Piensas: “esta película me vendrá bien ahora”.

Con la comida, cuando se elige de forma consciente como una forma de autocuidado, ocurre esto. Piensas: “me vendrá bien ahora prepararme mi helado favorito”. “Esta noche me ayudará ir a por sushi/pizza/vurger…”— alimentos concretos que no responden a qué hambre siento en mi estómago sino a: hoy (mentalmente/emocionalmente) me vendrá bien cenar lo que más me gusta.

La comida es nuestra aliada y puede ayudarnos a sentir mejor y a conocernos más por dentro, siempre que la elegimos de una forma consciente y no para tapar, escapar o suprimir nuestras emociones.

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Paula

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